La fuente de los 72 caños

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La fuente de los 72 caños

Esta fuente está situada en la Glorieta de don Telmo Lacasa. Es antiquísima la utilización de esta zona como lugar de esparcimiento o recreo, al que las fuentes documentales anteriores al siglo XX denominaban “el Prado”.

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La fuente de los 72 caños

Acerca de esta fuente se cuenta la leyenda -recogida por diversos autores como Pedro Juan Zapater (1704) o Gaspar Bono Serrano (1870)- que explica cómo once siglos antes de nuestra era hubo en Alcañiz una gran sequía, por lo que se organizó una peregrinación que partió desde el centro de la población y no habían andado 4 km cuando se encontraron a una loba con las patas mojadas, la siguieron y ésta les condujo a la fuente. Por ello en principio se le denominó “fuente Lupina”, nombre que más tarde se cambió por “fuente de Santa Lucía”, por su proximidad al convento dominico dedicado a esta santa.

Eduardo J.Taboada en su Mesa Revuelta (1898) también menciona esta fuente, puntualizando que sus aguas “están indicadas contra el extreñimiento de vientre, los infartos del hígado o bazo, el reumatismo y las oftalmias, por rebeldes que sean. Su uso indiscreto puede, en los sanos, alterar las funciones orgánicas”. Añade que “el vulgo concede a las aguas prodigios estupendos. Dícese, que su habitual consumo desarrolla las pasiones, pone en peligro el juicio, provoca extremados afectos; por eso la llama fuente de los chiflados”.

La obra actual se realizó en 1883 en sustitución de una fuente anterior muy elogiada y valorada por sus contemporáneos, tal como se constata en diversas fuentes bibliográficas como en la publicación de Gaspar Bono Serrano (1870). Esta obra decimonónica sustituyó a una obra anterior que también tenía 72 caños pero con una estructura diferente, tal como queda confirmada en diversos documentos escritos y gráficos, como el grabado de Palomino de finales del siglo XVIII (c. 1780) y el dibujo que incluye mosen Evaristo Cólera en su Descripción del partido de Alcañiz (imágenes 6 y 7 que se adjuntan).

En la intervención de finales del siglo XIX, las aguas se “aprisionaron” en un rectángulo de piedra arenisca, cuyos lados tienen setenta y dos caños. Las obras fueron dirigidas por el maestro de obras del Ayuntamiento Benito Bardavío, se concluyeron en 1884 y costaron 5.577 pesetas. La piedra labrada empleada en esta obra fue suministrada por Sandalio Navarro Giménez.

Durante las primeras décadas del siglo XX, el conjunto del parque fue objeto de una importante reforma que supuso la inclusión de nuevos elementos como la gran escalinata de acceso.

Los jardines de “la Glorieta” se convirtieron durante la guerra en lugar de aparcamiento de camiones y carros de combate, por lo que sufrieron una importante transformación. Al concluir aquélla se inició una importante labor de reconstrucción: planeándose y llevándose a cabo nuevas zonas de ajardinamiento.

Recientemente este parque ha sido de nuevo objeto de una importante y profunda remodelación que ha implicado la limpieza, restauración y reubicación de su fuente.

Información recopilada de la fundación Quílez Llisterri.
Ir a la web>>> http://www.fqll.es


Oficina de Turismo de Alcañiz
C/ Mayor, 1
44600 Alcañiz


 Teléfono: 978831213 



 

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